Literatura infantil en el aula

En este mundo cada vez más tecnológico, abrir un libro parece que se ha convertido en algo antiguo, pasado de moda u obsoleto. Para nadie es una sorpresa que las tecnologías han ocupado una parte muy importante en nuestra sociedad, nos ayudan en el día a día y nos facilitan la vida.

No es de extrañar que la escuela, en un afán de educar en sociedad, implemente cada vez más el uso de diferentes tecnologías en el aula: tablets, ipads, pizarras digitales, etc., pasando, cada vez más, los libros a un segundo plano. Pero, ¿por qué olvidarnos de todo lo que un libro nos puede aportar?

Entre todos los recursos de los que dispone un docente a la hora de trabajar en el aula, la literatura infantil y juvenil se constata como una herramienta motivadora y atractiva, que nos permite trabajar ciertos contenidos de forma dinámica, como si de un juego se tratase. 

La escuela se convierte en un espacio idóneo para trabajar ciertos contenidos tanto académicos como emocionales. Los cuentos acercan al alumnado a situaciones o realidades de forma inconsciente, fomentando la adquisición de mensajes sin ser conscientes de ello, lo cual les puede ayudar a generalizar lo aprendido a situaciones similares de su día a día, tanto positivas como negativas. 

El conocimiento de las emociones propias y ajenas así como la gestión de las mismas no es una tarea sencilla. Requiere, en muchas ocasiones, de un trabajo y un entrenamiento previo que nos ofrezca las herramientas adecuadas para enfrentarnos a diferentes situaciones. La falta de control sobre nuestras emociones provoca, en muchas ocasiones, una desorganización de nuestra conducta o una afectación en los procesos de aprendizaje.

Ser capaces de conocer e identificar nuestras emociones, gestionarlas y llegar a entender las de otras personas, como decíamos, no es algo sencillo, pero desde el aula podemos ayudar a lograrlo. Es en este momento cuando defendemos los aportes positivos que la literatura infantil y juvenil tiene para alcanzar ese objetivo.

La literatura infantil ha ido evolucionando a lo largo de los años, convirtiéndose no solo en un buen entretenimiento para los más jóvenes, sino también en un recurso muy atractivo para transmitir valores, mejorar la comunicación, fomentar la creatividad o acercar a los niños y niñas al mundo que les rodea. 

A la hora de seleccionar un libro con el que trabajar en el aula deberíamos realizar un análisis previo de las características y necesidades del alumnado, lo cual nos ayudará a determinar qué objetivos queremos alcanzar. Una vez detectadas las necesidades buscaremos un libro que se ajuste a nosotras y crearemos actividades en base al mismo.

Un libro tiene que ser atractivo, tiene que motivar y dar ganas de más: de querer saber más o de volver a leerlo una y otra vez. Un libro tiene que dejar huella. Es positivo que sean libros visuales, que además de tener un texto bonito y trascendental, también entre por los ojos. Un libro que invite a participar y no solo a ser oyente. Un libro que les haga sentir.

Un libro tiene que ser atractivo, tiene que motivar y dar ganas de más: de querer saber más o de volver a leerlo una y otra vez. Un libro tiene que dejar huella. Es positivo que sean libros visuales, que además de tener un texto bonito y trascendental, también entre por los ojos. Un libro que invite a participar y no solo a ser oyente. Un libro que les haga sentir.

En la red nos encontramos con infinidad de ejemplos de docentes que han implementado cuentos en su rutina de aula, pero ahora os mostramos algunos ejemplos de nuestro centro. 

En torno al clásico cuento “el monstruo de colores”, el cual nos ayuda a conocer y gestionar mejor nuestras emociones, una maestra de nuestro centro, después de leerlo ha creado un emociómetro que les ayudará a conocer cómo se sienten y qué hacer ante tales sentimientos. 

También buscan en revistas personas con la emoción correspondiente y hacen estos botes tan chulos. 

Otro ejemplo, con el cuento de “Elmer”, lo leímos e hicimos varias actividades, entre ellas la siguiente: nos dibujamos frente a un espejo para conocernos bien y aceptar nuestras características y diferencias de los demás. Somos diferentes, pero eso nos hace únicos y eso es lo realmente importante.

El libro enfadado” al que tenemos que ayudar a que se le pase el enfado nos da técnicas para gestionar nuestras emociones e incluso para respetar las de otras personas. 

Por suerte, hoy en día, nos encontramos con muchos otros títulos que pueden ser un gran aliado en función de aquello que queramos trabajar. Os dejamos una clasificación por temas por si os animáis a llevar algún libro al aula y trabajar en torno al mismo:

  • Desarrollo emocional: El monstruo de colores, Así es mi corazón, Emocionario, El emociómetro del inspector drilo, la cola de dragón, el libro enfadado, las gafas de sentir, cuando estoy enfadado, mis pequeñas alegrías.
  • Autoestima y autoconcepto: El punto, no soy perfecta, Martín Gris, La vaca que puso un huevo, ¡no quiero el cabello rizado!, el cocodrilo al que no le gustaba el agua.
  • Valoración de la diverdidad: Monstruo rosa, el cazo de Lorenzo, orejas de mariposa, Elmer, Topito terremoto, te quiero casi siempre, por cuatro esquinitas de nada,Monstruo azul.
  • Habilidades sociales: ¿A qué sabe la luna?, uno para dos, el secreto del erizo, el ovillo mágico, mapache quiere ser el primero, la ovejita que vino a cenar.
  • Duelo: Para siempre, Julia tiene una estrella.
  • Nacimiento de hermanos: Tú y yo, siempre te querré pequeñín, dentro de nuestra mamá.
  • Igualdad/estereotipos: Las princesas también usan botas de montaña, Arturo y Clementina, Rosa caramelo, Los lobos que vinieron a cenar.
  • Acoso: Nuna sabe leer la mente, Orejas de mariposa.
  • Alimentación saludable: La pequeña oruga glotona, ¡esa fruta es mía!, sopa verde.

Os invitamos a que compartáis con nosotras vuestras experiencias con literatura en el aula y a que nos recomendéis otros títulos. Y recordad que trabajar con un libro en el aula siempre merece la pena.

¡Nos vemos en la red!

 

 

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